La hernia umbilical es un padecimiento sumamente frecuente en la población general. Hay estudios que han visto que hasta el 14% de la población la puede tener (Mayagoitia 2012) y muchas veces estas hernias pasan desapercibidas porque no dan molestias hasta que crecen o se complican.

Una hernia umbilical se nota como un abultamiento dentro del ombligo. Se puede ver como el ombligo se ha ido deformando o creciendo con el paso del tiempo y en algunos casos más severos hasta se protruye mas allá del nivel de la piel notándose una real “pelota” en el centro del abdomen (Mayagoitita 2012).

La zona umbilical es un sitio débil por naturaleza en los mamíferos porque es el sitio donde en la vida fetal pasan los vasos sanguíneos del cordón umbilical. Por eso uno de los momentos en la vida donde mas se presentan hernias umbilicales, es en la edad pediátrica donde el tratamiento es distinto al del adulto (Mayagoitita 2012).

Entonces en la hernia umbilical lo que ocurre es que básicamente un sitio que debería estar cerrado se dilata, creando un defecto generalmente circular, que está justamente en el sitio del ombligo. A este defecto se le llama el orificio herniario.

Por este orificio van a protruir órganos del abdomen como los intestinos, aunque frecuentemente encontramos solo tejido graso cuando la hernia aun es pequeña. Lo que sale a través del orificio se le conoce como contenido herniario. Una vez que se ha formado una hernia la misma crecerá con el paso del tiempo y sólo se corrige con una cirugía, que es muy pequeña si la hernia es pequeña, pero puede llegar a ser muy grande y complicada si la dejamos avanzar en el tiempo.

En las personas adultas hay momentos donde encontramos mas frecuentes las hernias umbilicales según el género. En las mujeres es frecuente diagnosticar y tratar las hernias umbilicales en edades entres los 35 y 45 años sobre todo debido a los embarazos previos. En los hombres las hernias se ven más en edades que sobrepasan los 55 años, y están relacionada a la ganancia de peso sobre todo abdominal (Henriksen et al 2020).

Entonces podemos ir intuyendo porque se originan las hernias umbilicales en el adulto. Estos defectos son adquiridos, producto de una combinación de factores entre los que se encuentran, el deterioro de los tejidos con la edad, la predisposición familiar y etnicidad y el aumento de la presión intrabdominal Appleby 2018).

Los tejidos naturalmente al pasar los años se han más elásticos y menos resistentes conforme van cambiando los tipos de colágeno que contienen. Este efecto deletéreo se puede ver aumentado por el hábito de fumar o enfermedades de la colágena como Elhers-Danlos o Síndrome de Marfan. El papel de la presión intrabdominal los vemos en aquellos casos de ejercicios de levantamiento de pesas o trabajos como estibadores sin adecuada protección, obesidad abdominal, embarazos múltiples, pacientes tosedores o pujadores crónicos e incluso en aquellos con problemas más severos con insuficiencia hepática o renal. En las mujeres vemos mucho la combinación de la hernia umbilical con la diastasis de rectos abdominales, producto de los embarazos anteriores (Mayagoitia 2012). Esta condición hace un poco más complejo el tratamiento de la hernia en este grupo poblacional

El diagnóstico de la hernia umbilical es principalmente clínico, o sea solamente con la revisión médica se hace el diagnóstico (Henriksen 2020). Incluso la mayoría de las veces ya los pacientes vienen con el diagnóstico hecho por ellos mismos porque al ver el abultamiento en el ombligo, llegan y me dicen: “doctor decidí venir porque creo que tengo una hernia umbilical” y en efecto la mayoría de las veces así es.

En raros casos nos apoyamos en el diagnóstico por ultrasonido cuando hay alguna duda, ya sea por un tejido graso excesivo en la zona o porque creemos que hay otros tipos de hernia, como la epigástrica que también pude darse muy cerca y tienen un origen y tratamiento muy similar (Henriksen 2020).

Los pacientes usualmente tienen dolor tipo “Jalonazo” en la zona de la hernia, la misma crece con los esfuerzos y al estar de pie mucho tiempo, aunque una parte de los pacientes con hernias pequeñas no manifiestan molestias. Lo recomendado es que si el paciente cree que tiene una hernia acuda al cirujano para ponerlo en control e indicarle un plan de seguimiento y tratamiento. A veces si la hernia es muy pequeña y no molesta, podemos observarla y retrasar la cirugía (Henriksen 2020). Esto debido a que en las hernias pequeñas la posibilidad de complicaciones es bajísima. Pero cuando ya la hernia ha crecido y molesta se puede complicar con estrangulación de la hernia y el intestino dando origen a una cirugía de emergencias que puede tener consecuencias fatales. Por esto es que la decisión de manejo conservador o cirugía se debe realizar entre el cirujano y el paciente, en mutuo acuerdo según los datos de su enfermedad.

Como ya intuyen todas las hernias son de manejo por cirugía porque no existe un medicamento que pueda cerrar el orificio herniario, esto es un daño que hay que ir a repararlo. La mayor parte de estas cirugías son ambulatorias, duran menos de una hora y hasta con anestesia local se pueden hacer, dando una recuperación muy buena y casi sin dolor. Los pacientes ya al mes pueden reiniciar sus actividades usuales claro teniendo cuidado con los ejercicios y las cargas pesadas (Mayagoitia 2012, Appleby 2018, Henriksen 2020).

Cuando la hernia es muy pequeña no se necesitan mallas o prótesis que son parches que los cirujanos usamos para que la cicatriz que queda en la zona sea más fuerte y no salga nuevamente la hernia. Esta cirugía sin malla con puntos fuertes es muy sencilla, pequeña y con una recuperación magnífica, y un índice de complicaciones de menos del 2% de los casos (Köckerling F. 2021).

Otros casos con hernias de más de 2 cm, debilidades de los tejidos alrededor como las diastasis de rectos u otras hernias concomitantes requerirán reparaciones más complejas con malla, pero aun así siguen siendo de muy buenos resultados, ambulatorias y con excelente recuperación. La literatura científica apoya el uso de las mallas en estos casos porque si no la recidiva de la hernia puede rondar el 30% o más. También la literatura nos dice donde es el sitio que debemos poner la malla debido a que hay múltiples técnicas para reparar lo mismo (Henriksen 2020).

Ejemplo es la reparación laparoscópica, la cual tiene mayores costos y al colocar mallas dentro del abdomen cercano al intestino puede tener complicaciones muy serias, por lo que para estas hernias cada vez se desaconseja más (Henriksen 2021). La otra técnica muy usada y cada vez más desaconsejada es cuando ponen las mallas entre la hernia y la grasa cutánea. Numerosos estudios han visto que aquí las mallas se infectan más, hacen mas colecciones y sale nuevamente la hernia con más frecuencia.

Los espacios recomendados para poner la malla están detrás de los músculos de la pared abdominal, lo cual se obtiene con facilidad por una herida muy pequeña dentro del ombligo, pero hay que escoger un cirujano con un entrenamiento adecuado en este tipo de enfermedades (Henriksen 2020, Köckerling F. 2019), y sobre todo preguntarle al médico que escogimos que técnica realizará para estar informados de lo que puede y no puede pasar.

Posterior a la cirugía, el paciente sale de la clínica a las dos horas aproximadamente. El mismo día puede estar comiendo comida usual y movilizarse sin dificultad. Evidentemente debe tomar analgésicos y curar la herida para obtener una optima recuperación. A veces les pido que usen una faja elástica en la zona, sobre todo para el confort, aunque no es del todo necesario.

En hernias pequeñas a los 15 días ya pueden reincorporarse a la actividad laboral y en las más grandes entre los 21 días y el mes. Las complicaciones postoperatorias son infrecuentes como los hematomas o infecciones que son de manejo muy sencillo. La mayor parte de los pacientes reanudan su actividad deportiva al mes de operados siempre de la mano con su cirujano quien propondrá un plan para una mejor recuperación.

Fuente:

Dr. Jesús Martínez Hoed- Especialista en Cirugía General y Cirugía de Pared Abdominal y Hernias.

email: [email protected] tel: 83185095

Referencias

  1. Appleby P. W., Martin T. A., Hope W. W. (2018) Umbilical Hernia Repair Overview of Approaches and Review of Literature. Surgical Clinics of North America. DOI: 10.1016/j.suc.2018.02.001
  2. Henriksen N. A., Jorgensen L. N., Friis‐Andersen H., et al. Open versus laparoscopic umbilical and epigastric hernia repair: nationwide data on short‐ and long‐term outcomes. Surgical Endoscopy. DOI: 10.1007/s00464-021-08312-5
  3. Henriksen N. A., Kaufmann R., Simons M. P., et al.EHS and AHS guidelines for treatment of primary ventral hernias in rare locations or special circumstances. British Journal of Surgery. DOI: 10.1002/bjs5.50252
  4. Henriksen N. A., Montgomery A., Kaufmann R., et al (2020) Guidelines for treatment of umbilical and epigastric hernias from the European Hernia Society and Americas Hernia Society. British Journal of Surgery, 107: 171–190. DOI: 10.1002/bjs.11489
  5. Köckerling F, Sheen A. J., Berrevoet F, Campanelli G, Cuccurullo D, Fortelny R, et al. (2019) Accreditation and certification requirements for hernia centers and surgeons: the ACCESS project. Hernia, 23:185–203. DOI: 10.1007/s10029-018-1873-2
  6. Köckerling F., Brunner W., Fortelny R., et al. (2021) Treatment of small (< 2 cm) umbilical hernias: guidelines and current trends from the Herniamed Registry. Hernia, 25:605–617. DOI: 10.1007/s10029-020-02345-w
  7. Mayagoitia JC, Celdran-Uriarte A. (2012) Capítulo 50 Hernia Umbilical. En Carbonell F, Moreno-Egea A., Eventraciones y otras hernias de la pared abdominal, pp: 631-638. Asociación Española de Cirujanos.